Durante siglos y siglos, el objetivo principal de la empresa fue buscar el rendimiento de los recursos invertidos, y optimizar los resultados controlando gastos e ingresos. El fundamento era optimizar la inversión con respecto al rendimiento, y todo lo que no era rentable no se debía realizar.

En la nueva empresa del siglo XXI, el objetivo principal de las empresas es satisfacer al cliente, y hacer todo lo posible para que éste adquiera fidelidad hacia nuestra empresa. La empresa debe hacer todo lo posible (a veces lo no rentable) para llegar a la máxima cuota de mercado y conseguir clientes, uno a uno.

Es curioso observar que, en muchos casos, esas dos mentalidades chocan, o lo que es peor, que todavía existen empresas que solo piensan con mentalidad financiera, y se limitan a mantener un pequeño departamento de marketing para realizar catálogos, ofertas y poca cosa más.

Hoy en día, pensar en financiero puede llegar a perjudicar la relación cliente/empresa, pensar solo en ella misma tiene una imagen muy egoísta. Mientras que pensar en marketing hace destacar a la empresa entre toda la competencia, porque al fidelizar al cliente adquiriere un liderazgo de mercado, y al final es el cliente quien provoca los beneficios de la inversión realizada por la empresa.

PIENSA EN MARKETING Y CONTROLA EN FINANCIERO, NO AL REVÉS.